¿Cuándo debes pedir ayuda?

Jim Wegeleben
Senior Customer Program Manager

Descubrir de lleno ese sentimiento puede ser alarmante. Recuerdo proyectos anteriores en los que me sentí abrumado por los pocos recursos disponibles para cumplir una iniciativa que parecía imposible. Pedir ayuda fue la parte más difícil; puede sentirse así para muchos de nosotros  porque estamos programados para ser autónomos y autosuficientes (Klaver, 2008). En otras instancias solo somos total y absolutamente orgullosos. No queremos discutir nuestra completa falta de conocimiento con nuestros compañeros, mucho menos con nuestros jefes, es más sencillo ignorar estos hecho y seguir adelante.

Esto causa un problema; en su fascinante descubrimiento, Nora Klaver (2008), quien es una asesora ejecutiva de la revista Fortune 500 con más de 20 años de experiencia en ese momento, diseñó una encuesta completada con ejecutivos y altos directivos en empresas de Chicago. El 44% del grupo dijo que nunca pediría ayuda en su lugar de trabajo, o lo harían únicamente como última alternativa. Y lo que es más problemático, el 70% dijo que durante la semana anterior a la encuesta se habían visto en situación de pedir ayuda pero decidieron no hacerlo. “Hay un costo real cuando los líderes no piden ayuda cuando deberían” (Klaver, 2008, p.17).

En esos momento tan problemáticos, el líder que se acerca a alguien para pedir ayuda logra ascender por sí mismo, pero también hace que ascienda su equipo y su compañía. De acuerdo a Klaver (2008), los líderes que están dispuestos a ceder ven beneficios como reducción de costos, incrementos en eficiencia, aumento en la productividad, desarrollo personal, unión interpersonal, expectativas realistas y una autenticidad en general. Los líderes se sorprenderían de qué tan receptivos pueden ser sus empleados si saben que sus jefes promueven una cultura donde se fomenta el pedir ayuda.

Esto me recuerda mi primer función como gerente de tienda, era joven pero tenía ya ocho años de experiencia en la industria de abarrotes. Sentía que podía manejar cualquier tarea que me pusieran en frente y creerlo fue benéfico en ciertas ocasiones, pero muy pronto me di cuenta que esas tareas eran solo una parte de la ecuación. Hay dos partes importantes al administrar una tienda: La operación del negocio y la administración del personal. La parte del negocio se me daba natural, pues yo preparaba a los gerentes para cumplir sus metas. Me sentía capaz de delegar trabajos como mercadotecnia, control de mermas, mejorar ventas y administración de inventarios. A todo esto la mayoría de los empleados respondieron bien.

Sin embargo, cuando se trataba de responsabilidad, productividad y comunicación, no tenía la experiencia necesaria. Recuerdo que una vez me sentí abrumado al tratar con mi gerente de farmacia. El gerente tenía más años que yo en la industria y yo no entendía completamente su parte de la tienda. Me hizo sentir incapaz en muchas de nuestras conversaciones. No obstante, yo estaba determinado a no rendirme, así que decidí pedir ayuda.

Contacté a varios directores de tienda con los que tenía un buen trato y también llamé a mi gerente regional para comprender de mejor manera cómo colaborar con mi empleado. El consejo que recibí fue unánime: ponerme en sintonía. Esperar a que el problema se solucionara solo era inútil. Le pedí al gerente de farmacia que nos reuniéramos y durante ese tiempo lo que hice fue escuchar de form activa sus preocupaciones además de compartir mi punto de vista de manera conciliadora. El resultado fue respeto mutuo. En general, a través de los buenos consejos de mis compañeros y jefe aprendí a abordar los problemas inmediatamente y de forma respetuosa.

Ahora viene lo divertido. Los reto a que piensen cómo pueden pedir ayuda de mejor forma en su lugar de trabajo. Esto comienza con una serie de preguntas difíciles. ¿Cuáles de las siguientes preguntas son una realidad para ustedes?:

  • ¿Tomas decisiones en silos cuando sientes que no tienes el control?
  • ¿Tu motivación para tomar decisiones flaquea en torno a tu sentido de  preservación?
  • ¿Tus emociones causan que renuncies a obtener la información necesaria?
  • ¿Trabajas sin saber todos los detalles necesarios causando más trabajo para tus compañeros?

Si es así, sé fuerte, no estás solo. La buena noticia es que puedes cambiar, como el resto de nosotros. Solo porque seas líder o gerente en la compañía ¡no significa que no puedas pedir ayuda! A continuación, les comparto algunas formas efectivas en las que pueden pedir ayuda que me han ayudado personalmente durante mi carrera.

¿Ya intentaste ayudarte a tí mismo?

LA gente que nos rodea son más abiertos a ayudar cuando ven que la persona está dispuesta a ayudarse a sí mismos. En juntas con tu equipo o jefe asegúrate de explicar qué es lo que ya intentaste para resolver el problema por tí mismo. Sé específico y enlista los pasos que seguiste de manera lógica.

¿Seguiste el consejo que te dieron anteriormente?

No reconforta saber que ayudaste a un compañero pero al final decidió no seguir tu consejo. Cuando pidas ayuda, comparte cómo seguiste la información que te dieron con anterioridad. ¡Recordarle a quien te dio un consejo que aprecias su ayuda puede ser un beneficio extra!

¿Ya pensaste en qué momento hacer tu solicitud?

Sé considerado con los demás cuando vayas a pedir un consejo. No es buena idea ir directo al grano (por ejemplo, por correo electrónico) pidiendo guía para resolver el problema. Puedes amortiguar tu petición: “¿Podrías ayudarme en cuanto tengas oportunidad?”, o “¿Cuál es el mejor momento para tener una llamada?”

Sé específico y no los fuerces a adivinar

Asegúrate de ser preciso en tu solicitud, por ejemplo, si necesitas que te recuerden los pasos a seguir en un proceso, de antemano familiarízate con la información. Debes tener definido cuáles son los detalles del proceso y cuáles son las lagunas en tu conocimiento.

Ayuda a los demás

Si pides ayuda, ayuda a los demás. Pedir ayuda se hace más fácil si tu eres de eso que ayuda a sus compañeros. ¡Hace que la gente esté más abierta a tus necesidades!

En conclusión, por naturaleza los humanos somos orgullosos, sin embargo, renuncia a toda ayuda no es una opción. los gerentes más productivos en mi carrera fueron quienes utilizaban todos los recursos que tenían a su disposición para obtener las respuestas que necesitaban. Estas personas lograban sus metas e inspiraban a todos quienes los rodeaban. ¿Fue fácil? No lo creo. Fui testigo de cómo batallaron, pero en el proceso nunca se rindieron. Así que ¿qué van a hacer ustedes la próxima vez que necesiten ayuda?

Referencias
Klaver, N. (2008). The art of asking for help. Leader to Leader, 2008(49), 16–20.